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PRESENTE
Y FUTURO DEL ROCK EN CUBA
Por: Camilo
Ernesto Olivera |
50 años de rock; medio siglo del género
en Cuba; y a pesar de todos los pesares del pasado,
el presente veta la incredulidad de unos y llama
favorablemente la atención de otros. Para
los incrédulos no pasamos de ser un sector
social que requiere de terapia ocupacional para
crearnos la ilusión de que vamos hacia alguna
parte. Para otros; los mejores momentos para el
rock en la isla están por llegar y solo es
cuestión de tiempo para que ocurra algo que
cambie el rumbo de la escena rockera nacional.
El cierre del Patio de María hace hoy 3 años
nos puso a todos frente a una realidad que pretendimos
ignorar. De nada sirvieron las cartas firmadas por
importantes personalidades de la cultura nacional;
de nada sirvió el clamor generalizado. La
realidad objetiva aplastó la ilusión
de la sociedad participativa. Y esta es: que la
política exterior de Cuba es recta y afilada
como una naranja; la política interior está
sujeta a las circunstancias del momento y la visión
coyuntural de quienes ejercen el poder.
Aprender a vivir con esta realidad ha resultado
un proceso difícil para todos, porque nacemos
y crecemos dentro de la idea de que vivimos en el
mejor de los sitios posibles. Pero cada cierto tiempo
ocurre algo que nos obliga a despertar de la ilusión
y pone frente a nosotros el espejo de la verdad.
Resignarse a este estado de cosas sin intentar trascenderlo
de alguna manera, pudiera llevarnos a la engañosa
creencia de que todo marcha bien; de que estamos
preparados para lidiar con el futuro. Y vale preguntarnos
si nos hemos detenido a pensar seriamente ¿cuál
futuro nos espera? O mejor ¿qué futuro
queremos para el rock en Cuba?
Hace tiempo que el género en Cuba gira en
un mismo lugar. Ofrece signos de evolución
musical; pero está limitado en su desarrollo
como escena. Esta edición del Ciudad Metal
ha sido llevado a cabo venciendo mil y un obstáculos.
En general, la escasez e inestabilidad de los espacios
para programar conciertos se acentúa y conspira
contra los grupos. Existen problemas de producción
y divulgación que escapan a las manos de
los creadores y la AHS y caen en terreno de nadie.
Me preguntaron una vez que por qué los rockeros
somos tan inconformes. Viendo el presente, el aquí
y el ahora del género en Cuba, lo poco que
se ha logrado y lo mucho que falta me pregunté
a mi vez ¿y por qué no serlo? La inconformidad
es la madre de las revoluciones. Una revolución
sin inconformes está muerta.
Así que no vale conformarse con los éxitos
aislados de tal o mas cual grupo que obedecen más
a la falta de unión que a un real reconocimiento
al género dentro de la estructura. No vale
que seamos cómplices pasivos de la mentira
demagógica de unos funcionarios que aparentan
cumplir con la política cultural pero a fin
de cuentas hacen con nosotros lo que les da la gana.
No vale ser cómplices de la censura solapada:
“Habana blues” el filme que Benito Zambrano realizó
tomando como referencia la vida y peripecias de
la escena alternativa cubana, no ha tenido su estreno
comercial en Cuba, a pesar de que el director donó
una copia de 35 mm y los derechos de exhibición
al ICAIC. La televisión continúa tomando
con pinzas y una lupa a un género que, gústele
o no a sus directivos, mueve a millones en todo
el mundo. Resulta más fácil idiotizar
a las masas reflejando en los medios de difusión
lo último de la manipuladora “Operación
Triunfo” o magnificar el éxito de cantantes
de moda (prefabricados para consumir y desechar)
como si fueran hechos artísticos.
Es más fácil, por ejemplo, para la
redacción de musicales de Radio Progreso
eliminar los espacios de música alternativa
y sustituirlos con espacios pretendidamente juveniles.
No vale que las autoridades del Instituto Cubano
de la Música ignoren la escena rock nacional
cuando nos visitan personalidades importantes del
género como ocurrió en ocasión
de las visitas de RICK WAKEMAN y AUDIOSLAVE.
No vale que aún esté sin cumplir el
acuerdo de crear la Agencia Nacional de Rock. No
vale que las empresas artísticas retrasen
el proceso de profesionalizar a bandas del género
que ya tienen nivel para alcanzar ese status y que
por otra parte, por obra y gracia del poder del
dinero, grupos de reaggeton con malas letras y peor
concepto musical surjan de la noche a la mañana
y logren contratación artística.
Por otra parte la escena rockera nacional depende
más de otros que de sí misma y eso
es un error. Las instituciones ayudan pero hasta
un límite; lo que los grupos no sean capaces
de hacer por sí mismos nadie va a venir a
hacerlo.
Así que no vale confundir el destino con
el camino, no vale creernos que hemos llegado a
alguna parte.
Porque 50 años después, el rock en
Cuba apenas se ha incorporado sobre sus pies y está
dando los primeros pasos. Lamentablemente el vértigo
momentáneo pudiera subírsele a alguien
a la cabeza, el triunfalismo inducido o por autofagia
puede ser la manera más directa de hacernos
andar de rodillas mientras nuestra mente vive la
engañosa ilusión de que hemos trascendido
las nubes.
Si mañana mismo alguno de los cinco grandes
monopolios que mueven el mercado del disco se bajara
a Cuba a echar un vistazo a la escena rock ¿Cuántas
de las agrupaciones en activo estarían preparadas
para moverse dentro de esa especie de circo de gladiadores
que es el mercado internacional de la música?
Veamos con objetividad en que país vivimos
y no nos desanimemos, pero tampoco pensemos que
el futuro va a llegar de gratis, de favor o por
ser “exóticamente” cubanos. Para bien o para
mal, basta con ser cubanos; lo de exótico
sobra. Aquí hay creatividad, hay fuerza pero
falta poder de expansión.
Se ha hecho rock en Cuba durante años a golpe
de puro corazón y un poder de esa índole
no tiene porque mendigar su derecho a existir.
Siempre habrá quien diga que el rock no es
cubano, siempre habrá quien te ofrecerá
la sonrisa mientras prepara la puñalada por
la espalda. Al llegar a este punto del camino vale
mirar dentro de nosotros mismos y a nuestro alrededor.
Porque tenemos una responsabilidad como creadores
y difusores de una tendencia musical que ha cambiado
al mundo y tenemos el deber de asumirla. Somos hacedores
de cultura y crecimiento espiritual, somos mensajeros
de libertad. Y aunque por acá la libertad
como expresión puede resultar una mala palabra;
el futuro pertenece a los que se arriesgan y el
futuro es aquí y ahora.
Camilo Ernesto Olivera
26/10/06