Articulo de Opinión:
LUCAS, ya no creo en ti.
Por: Antonio Enrique González Rojas
Sí, ovino LUCAS, nada maravilloso ni misterioso
eres ya. Nunca más interlocutor invisible con
el que dialogaba Tony Arrollo, en el set-sótano,
con un bombillo y una escalera por toda compañía.
(Texto anónimo hallado junto al Código
Lucas)
Una imitación de los perros de reserva de Tarantino,
que ya huele a cartón (mojado y soso). La esperada
irrupción humorística de el (los) conductor
(es) en espacios glamorosos o en pleno boom como la
feria Arte en la Rampa del Pabellón Cuba, con
las CONsabidas y COMplacientes entrevistas a sus gestores
y decisores. Las cada vez MENOS originales historias
referenciales que anteceden los bloques de nominaciones
anuales. La espectacularización cada vez MÁS
exagerada de los espectáculos donde el megalómano
coreógrafo Tony Menéndez y su chorus
line tributario (adorador) de Brodway, es casi una
constante. La declaración de principios comerciales
de buenos realizadores que sacrifican su arte a “los
sacrosantos principios de la sociedad de consumo”
(frase de Milo Minderbinder, personaje de la novela
antibélica estadounidense “Trampa 22”, de Joseph
Heller)
Los atributos antes expuestos son los girones sobrantes
de una postura que partió de la necesidad de
difundir un género audiovisual iniciado en
Cuba desde la clandestinidad artística, aunque
halla sido inaugurado (al menos, varios sesudos lo
reconocen así) por tan brillante obra como
NOW!, de Santiago Álvarez: el Video Clip, propuesta
que tras la soledad de esta pieza iniciática,
comenzó a gatear en Cuba desde la década
de 1980, cuando hoy “monstruos sagrados” de este género
como Ernesto Fundora, Rudy Mora y Orlando Cruzata
realizaron los primeros amagos agrupados y apoyados
por la naciente (entonces) Asociación “Hermanos
Saíz” (AHS).
Mayohuacán, Síntesis, Montespuma, Donato
Poveda, Edesio Alejandro y su banda Mákina
y junto a Mario Dali y Augusto Enríquez, Carlos
Varela, Gerardo Alfonso, Norge Batista, los dúos
Gema y Pável y Superávit, el trío
Enserie, los grupos de rock Havana, Zeus, Rhodas,
Burbles eran los principales beneficiarios de estas
obras, excepto algunas incursiones de artistas más
ligeros como Vicente Rojas, Laronte, Alfredo Rodríguez
y María Antonieta.
Prevalecía la música de alto valor estético,
auténtica, renovadora del panorama melódico
nacional y por ende mirada muchas veces de soslayo,
con una reserva que la calificaba de Alternativa.
Estos proyectos e intérpretes correspondíanse
en naturaleza al video clip de entonces, experimental,
materialización de una voluntad de hacer cosas
diferentes, voluntad de autor sin concesiones y de
poca difusión en espacios apropiados.
La presencia innegable de este arte nuevo para Cuba
en esporádicos espacios de la televisión,
acompañaba toda una renovación de todo
el audiovisual criollo del momento. Eran los tiempos
de seriales como La Séptima Familia, Algo más
que soñar, aventuras como El Cautivo del Rey,
Hermanos y Los Papaloteros, algunos de los cuales
incluían temas musicales de los autores mencionados.
Con la discreción que antecede a los grandes
fenómenos, fueron apareciendo en la década
de 1990 espacios dedicados a la promoción de
los video clips cubanos. Escenografías discretas
acogieron la conducción de Amaury Pérez,
Rufo Caballero y otros anfitriones de permanencia
muy efímera. Varios nombres y formatos tentativos
dieron con el espacio Cáscara de Mandarina,
que tras algunas temporadas estables dejó paso
a Hecho en…, donde, en voz de Tony Arrollo, se conoció
por primera vez de la existencia de Lucas, definitivo
usurpador del título inicial.
Una manera diferente de hacer un programa de televisión,
con traviesos planos y (des) enfoques, la conducción
desenfadada de Tony que luego fue acompañado
por Edith Massola, y la aún alta jerarquía
artística de los músicos que contaban
con uno o varios video clips, en una producción
que ya adquiría mayor auge, mantuvieron a este
programa en la esquina de los “raros y experimentales”,
Todavia.
El primer concurso de video clips cubanos, donde salieron
a la palestra los premios Lucas, fue, sin dudas, un
triunfo de este movimiento audiovisual que se legitimó
ante la gran audiencia, ya con ciertas concesiones
a la producción musical de menor calibre creativo.
La industrialización de este arte daba sus
primeros (y también discretos) pasos.
El cambio de concepción de la dirección
de arte del programa fue marcado por la aparición
de los “hombres de negro” que de la sátira
inteligente han llegado a la reiteración cansona
y el chiste fácil que ahora ofrecen en cada
edición. Está matizado por una casi
total mercantilización de la producción
de videos clips, donde el arte de los realizadores
se vende al mejor postor, no importa su calidad técnica
y discursiva. Y lo peor, estos postores de más
altos ingresos y peor estética son legitimados
por excelentes piezas que alcanzan los máximos
escaños de la premiación anual.
LUCAS, de inestable horario y ya larga extensión,
ha dejado de ser una alternativa para un movimiento
que pujaba por hacer prevalecer su arte y encontraba
inspiración en músicos de calidad, y
un pecunio no muy estimable. Ahora es la plaza de
mercado donde un alto porciento de pésimos
músicos se promocionan con todo el esplendor
visual de que son capaces unos MUY CAPACES realizadores…y
de otros no tanto que despliegan todos los recursos
que la Industria Cultural ha puesto en sus manos desde
MTV y VH1 para armar shows de cuerpos femeninos semidesnudos
encajados sobre autos estadounidenses de la década
de 1950 o playas paradisíacas, y de machistas
y vacíos “regetoneros”, que no cesan de bravuconear
sin sentido.
Los nuevos exponentes de la música cubana,
que desde la AHS y otros espacios, pugnan por dar
a conocer su obra contando con la interpretación
visual de otros tan artistas como ellos, quedan dependiendo
de las gestiones de esta organización, la bondad
de algún consagrado que PUEDE DARSE EL LUJO
o de otro que se inicia en el camino del audiovisual
musical breve.
LUCAS ya cumplió su ciclo vital y una vez anclado,
necesita oxígeno, pero no creo que este venga
a partir de una renovación interna. Pues el
hecho de que el video clip cubano es una industria
privada prolífera, no tiene vuelta atrás,
con todos los pro y los contras que eso ha traído.
La Oveja Negra necesita ya una contrapartida más
auténticamente NEGRA, que divulgue obras donde
pericia visual corresponda a calidad musical y donde
creadores como X Alfonso (que hasta ahora no ha cedido,
y me muerdo la lengua) y el Bilko Cuervo primigenio
expresen su autenticidad no subastada AUN al mejor
cliente.
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